Publicado 07/04/2026 06:23

El Salvador.- Un enterrador asegura que el 'cambiazo" de ataúdes "lo sabía medio pueblo de Santovenia"

Mantiene haber visto furgonetas cargadas de tableros de aglomerados sobre los que se quemaba a los fallecidos

La Audiencia de Valladolid donde continúa el juicio por el denominado 'caso ataúdes'.
La Audiencia de Valladolid donde continúa el juicio por el denominado 'caso ataúdes'. - EUROPA PRESS

VALLADOLID, 7 Abr. (EUROPA PRESS) -

El marmolista y enterrador Valeriano V.A. ha situado al magnate del grupo funerario El Salvador, Ignacio Morchón Alonso, ya fallecido, al frente de la operativa dedicada a reutilizar los ataúdes y coronas de flores de los difuntos para sucesivos sepelios y ha asegurado que incluso llegó a entrevistarse con el empresario para pedirle que cesara en dicha práctica.

El testimonio de Valeriano V.A. se ha producido durante una jornada más del juicio por el 'caso ataúdes' celebrada este martes en la Audiencia de Valladolid, donde el testigo ha mantenido que lo que estaba ocurriendo en dicha funeraria "lo sabía medio pueblo de Santovenia" y que él era conocedor de los hechos porque trabajaba para la empresa Mármoles San Andrés, mercantil que realizaba labores para el magnate funerario.

A lo largo de su testimonio, Valeriano ha indicado que en su caso fueron trabajadores del grupo los que le trasladaron lo que estaba ocurriendo, entre ellos Justo M.G, ya fallecido y que entre 1995 y 2015 fue atesorando información a base de anotaciones y fotografías recogidas en una veintena de libretas y distintos pendrives.

El testigo, en declaraciones recogidas por Europa Press, ha recordado que tuvo acceso a varios de estos 'pinchos' y que extrajo de uno de ellos documentación que un día exhibió al Ignacio Morchón Alonso en un bar situado cerca de la cárcel vieja, encuentro en el que, según ha asegurado, pidió al empresario que cesara en dicha actividad ilícita, consistente en la reutilización de cajas y flores que luego volvían al tanatorio para ser revendidos.

"Era amigo de Ignacio y le dije que dejara de hacerlo porque al final iba a caer. Me dijo que no le importaba y me respondió que a él no le extorsionaba nadie", ha manifestado Valeriano, quien ha negado que su propósito fuera obtener un beneficio a cambio de su silencio.

Tras comprobar que su encuentro no había tenido éxito, el enterrador decidió trasladar la información a la familia de uno de los afectados, residente en el barrio de San Pedro, y ésta, como así ha recordado, "no daba crédito". Fue a través de esta familia cómo la Policía Nacional, una vez que la supuesta trama fue quedó al descubierto, localizó el teléfono de Valeriano y se puso en contacto con él.

FURGONETAS CARGADAS CON AGLOMERADO

El testigo también ha apuntado que los acusados hacían una especie de 'paripé' simulando la incineración en el tenatorio que luego se practicaba en el cementerio de Santovenia, al tiempo que ha asegurado haber presenciado la llegada de furgonetas cargadas de tableros de aglomerado donde eran quemados los cadáveres, en lugar de las cajas por las que sus familiares habían abonado importantes cantidades.

Con carácter previo, cerca de una veintena de perjudicados ha ido compareciendo a lo largo de la mañana para relatar cómo acudieron a la funeraria El Salvador para concertar las exequias e incineración de sus seres queridos y cómo a posteriori se enteraron, la mayoría por los medios de comunicación, de que figuraban en una lista de afectados por el 'cambiazo de ataúdes' y reciclaje de ornamentos florales que se juzga hasta el mes de junio.

Una de las afectadas, Teresa C.B, cuyo padre falleció el 14 de noviembre de 2002, ha indicado que en el momento de la cremación de su progenitor, los trabajadores les echaron las cortinillas y ni siquiera pudieron presenciar dicho proceso, a la vez que se ha mostrado visiblemente afectada por el supuesto cambiazo del féretro de su ser querido, algo que no ha dudado al calificar como un "auténtico sacrilegio" que ha hecho pasar a su familia "otro infierno" al pensar cómo su cadáver pudo ser manipulado.

"Sólo de pensar que le dejaron en el suelo y le pusieron sobre unas tablas, ¡qué vergüenza. Que vayan todos a la cárcel y sufran lo que hemos sufrido nosotros!", ha reclamado a los tres magistrados de sala justo antes de concluir su declaración.

A ese deseo se sumaba Juan Carlos M, triplemente afectado por los casos de su hermano, su padre y su madre, fallecidos, respectivamente, en 2006, 2013 y 2014, pues también poco antes de poner fin a su testimonio se ha mostrado categórico ante la pregunta de su abogada sobre si desea reclamar: "¡Con tal de verles en la cárcel y arruinados, cualquier cosa!", ha espetado.

También María Jesús D, viuda de Carlos, ha reclamado la aplicación del Código Penal para los ocupantes del banquillo por hechos que considera "inimaginables". De ahí que igualmente haya trasladado al tribunal la siguiente petición: "Espero justicia porque esta gente tiene que pagar, a los muertos hay que dejarles en paz", ha advertido.

En el caso de Dévora S.P, cuya madre murió aún muy joven el 2 de septiembre de 2004, la sensación que le queda tras destaparse el presunto fraude no hace otra cosa que agrandar su dolor. "Imagínese, el fallecimiento de un ser querido con 58 años y ni siquiera entonces la dejaron en paz", ha recriminado la hija.

Otros como José María C.W. y María Jesús T.G. ni siquiera tienen la certeza de que les entregaran las cenizas de su hermano, en el caso del primero, y de sus padres en el caso de la segunda. Esta última, cuya madre murió en accidente de tráfico en Ávila, no ha podido contener las lágrimas a la hora de exteriorizar los sentimientos de "rabia, impotencia y sensación de que ya no te puedes fiar de nadie".

CENIZAS AÚN CALIENTES, DÍA Y MEDIO DESPUÉS

No menos llamativo ha sido el testimonio ofrecido por María Jesús M, al recordar que intentó, sin éxito, presenciar la cremación de su madre, fallecida el 14 de abril de 2009, y se lo impidieron los empleados en varias ocasiones. Pero, además, ha añadido que al acudir después al cementerio de Santovenia para recoger la urna, se comunicó inicialmente a la familia que "no encontraban las cenizas".

Finalmente, un empleado apareció con las cenizas de su madre, con la particularidad de que las mismas estaban aún calientes un día y medio después de la supuesta cremación, tal y como ha precisado María Jesús, alimentando así la tesis de que la incineración de su progenitora pudo ser simulada a presencia de la familia para facilitar así el cambiazo del féretro y la reutilización del mismo para otros sepelios.

Por su parte, Carla G.G. acudió a la funeraria investigada para despedir a su padre, fallecido el 23 de noviembre de 2011. De aquella fatídica fecha se le han quedado grabadas las "prisas" que se transmitió a la familia para celebrar la cremación. "La verdad es que al enterarnos de todo lo que sentimos es rabia. Teniendo en cuenta lo que ganan, que hayan hecho esto para ganar más...pues eso, que son unos sinvergüenzas!", ha indicado con indignación.

LAS FLORES DESAPARECEN RÁPIDO

La misma indignación ha sido trasladada a la sala por María Ángeles P.S, no sólo al denunciar que tras la cremación de su madre, fallecida el 2 de abril de 2012, las coronas desaparecieron por arte de magia, sin que sus hijas pudieran conservar unas flores de recuerdo, sino, sobre todo, por la suerte que pudiera haber sufrido una "rosa eterna" que ella y su hermana colocaron entre las manos de su progenitora al darle el último adíós. "Sólo de pensar que la pudieron manipular...", ha lamentado la testigo dejando volar la imaginación.

El presunto "reciclaje" de las flores, que según sostienen las acusaciones también eran reutilizadas por los encausados, lo ha apuntado también el testimonio de Ana Isabel G, afectada por el caso de sus abuelos y su padre, y que de aquellas fechas guarda el triste recuerdo de una corona de "flores marchitas", las mismas que, supuestamente, ya habían sido utilizadas en un sepelio anterior.

El juicio por el 'caso ataúdes' entrará este miércoles en la tercera y última jornada de la semana, con la declaración de otra veintena de perjudicados.

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